junio 07, 2017

Pus en almíbar.

El cuerpo está cansado y la memoria no resiste…
con el primer frío, llega la última nostalgia;
pensé, mientras me limpiaba la suela del zapato
contra el cordón de la vereda
antes de entrar al departamento.

Destapé un whisky…
como quien toma un par de analgésicos en comprimidos,
me mandé tres medidas al hilo.

Miré al techo de mi habitación vacía
y le pregunté a tu ausencia más perfecta:
Te acordás cuando no podías olvidarme?

Ja!

Te busqué por todos lados, incluso
debajo de la cama…
y eso que ahí encuentro todo lo que pierdo.

Si querés que algo sea eterno,
sé lo más intenso que puedas;
porque es la única manera de recordarlo.
Lo Eterno no es una medida de tiempo,
sino un recuerdo... porque te persigue.

Te amo hasta el resto de mi vida,
y lo que me sobre de muerte también.

Hoy me acordé de vos, pisé un sorete.


Franco Tripelli

marzo 31, 2017

Monstruo de dos cabezas.

Te pienso las 24 horas, y de noche también;
menos cuando duermo, ahí te sueño. Le dije al oído
después de hacer el amor sin darme cuenta
que poco a poco me estaba convirtiendo
en amante de rapiña.

Aun así, no sé cómo  ni por qué,
continué construyendo el castillo de esta princesa…
en arenas movedizas:
“Y algún día, o quizás una noche,
ya cansado de todo esto;
voy a agarrarte de la cintura
y llevarte a mis sueños.”

No importa quien sea, ni cuánto la quieras,
si algo aprendí repetidamente,
es que si le das la mano a una mujer…
te agarrará del cuello.
(con el tiempo, afortunadamente,
aprendí Aikido).

¡Ay! ¿Franco, cómo no amarte?
Mira las cosas que me decís; dijo entusiasmada,
y al rato, se excusó: Sos de todas
pero perteneces a ninguna…
jamás podría tener una relación seria con vos,
sufriría todos los días y te odiaría todas las noches.

La novia infiel, no confiaba en el mujeriego soltero.
¡El muerto se reía del degollado!
Honestamente, me puso las pelotas
como “Little Boy” y “Fat Man”
a punto de explotar sobre Hiroshima y Nagasaki.

¿Y saben qué? Los mujeriegos son unos hijos de puta,
pero a mí siempre me suena el teléfono
cada vez que un noviazgo les fracasa.

Este mundo maravilloso es para otro universo;
donde no me sentiría un monstruo de dos cabezas,
que con la de arriba piensa y con la de abajo…
se coge  a la novia de otro.

Las historias de infieles deben ser contadas así,
y no con la poética admiración de lo prohibido.
Porque mientras dos prohibidos juegan,
hay un legal que ya perdió.

Franco Tripelli

marzo 26, 2017

Son de manual.

Las locas de mierda son de manual.
Oh sí, si habré estado con locas de mierda!
Son tan superficiales,
que disfrazan de rebeldía cool
su dependencia sentimental:
Tienen las neuronas podridas
y el corazón deshidratado.

Te perturban tanto los nervios
que te caminan el cerebro en tacos de aguja.
Un ataque de concha…
es peor que una pesadilla de Stephen King,
que, al despertar,  más te vale desayunarte
un café negro con dos cucharadas de morfina.

La histeria es una ramificación de la inseguridad;
y a ellas les encanta jugar al gato y el ratón,
pero yo, siempre fui un perro.

Cosa que bastante conflictiva hace la situación,
ya que en la Caja Negra de estos amoríos transitorios
siempre se escucharon gritos irritables de un pánico terminal:
“Es un hijo de puta”, “Es un hijo de puta”.
Porque  cuando vienen con el Cuento de Hadas:
fantasioso, ficticio e irreal;
voy directo de la Introducción al Desenlace,
y el Nudo… que les quede en la garganta.

Aún así… sacarse una de encima,
es como limpiarse un chicle
contra el cordón de la vereda…
aunque cruel, cada vez más pegajoso,
por ese enfermizo y riguroso placer
de sentir la agonía del amor
que nunca van a salvar por completo,
gracias a la neurótica inestabilidad de boicotearse.

Pero, sin embargo, no obstante y a pesar de todo,
entre tantos peces en el océano
sacaste una de estas estrellitas de mar,
sabé muy bien que las locas de mierda
tiene un grave conflicto emocional…
no trates de entenderlas, no se puede;
tratá de quererlas, como puedas:
Ya es demasiado tarde.


Franco Tripelli

Preso de tu propio destino.

Decidí volver caminando del trabajo,
un inspirativo trayecto a casa
por las peatonales del centro
yendo por Córdoba y, después, San Martín.

Pero antes, una silbatina intempestiva
me brotó del corazón, como nunca,
y mientras la iba tarareando me dije,
Oh no! Hijo de puta, ahora te gusta la Opera?
Lo que te faltaba, no te bastó con la Música Clásica?

Ta ta ta nánana… Ta ta ta nánana…
resonaba en mi mente y… cómo carajos
se llama éste tema? pensaba, mientras,
se me descolocaba la mirada
en cada mujer que veía pasar:
si no me gustaran tanto, me iría mejor;
no por lo promiscuo, si no por lo apasionado.

Ta ta ta nánana… Ta ta ta nánana…
seguía sonando como un mar de fondo,
“Me voy a hacer unos spaghetti caseros,
se me torció la inspiración para el lado de la cocina.”
Y la memoria me devolvió rápidamente
una de esas frases que le dije a la última muchacha
que había intentado desafiarme en las hornallas:
Si no tenés pasión, ni se te ocurra entrar a la cocina,
ni siquiera  para tener una noche de sexo en ella.

Ta ta ta nánana… Ta ta ta nánana…
Llegué al departamento, y fui directo
a poner Opera, “Luchito Pavarotti la tuvo que haber cantado”;
45 minutos después de tema tras tema,
al cortar un pimiento para la salsa, escucho…
Ta ta ta nánana… Ta ta ta nánana…
Ahí estaba, solté la cuchilla, mi alma se ensanchó
como una miga de pan en el agua,
fui a ver el título del tema, y después de leer la traducción,
(porque de italiano sólo tengo el apellido y el carácter)
Entendí que me vida estaba
completamente jodida, soy preso de mi propio destino:
no puedo pensar, ni siquiera inconscientemente,
en otra cosa que no sea en una Mujer;
La canción era: La donna é mobile.

Ta ta ta nánana… Ta ta ta nánana…
Entre asociaciones para encontrarle
algún sentido me dije, con una sonrisa irónica:
La mujer, también es como un plato de spaghetti:
un quilombo de curvas con idas y vueltas
servido en un plato dispuesto a ser disfrutado apasionadamente...
aunque lo cocine el diablo.

Ta ta ta nánana… Ta ta ta nánana…

Franco Tripelli

Carta abierta a un amor cualquiera.

A saber…
No necesito otra cosa en el mundo
más que ser yo mismo,
incluso cuando me toca ser
auténticamente incorrecto.
No soy transparente,
imagínate lo aburrido que sería
estar con alguien que fácilmente
podés ver lo que hay del otro lado
porque está vacío por dentro.

Más bien soy un laberinto
con las cuatro estaciones del año indefinidas
teniendo su propia autonomía
de expresarse meteorológicamente como dé la gana.
Hay dragones que escupen arco iris para cegar princesas;
vagabundos de frak, tirados en el piso,
pidiendo monedas para comprar amor artificial
(restaurantes, cines, suites, limusinas, joyas, etc);
bares de ‘Happy Hour’ con moscas y  borrachos boxeadores;
telarañas de cristal en los rincones más oscuros;
albañiles alzados con piropos empadronados en la Real Academia;
verdugos con amnesia y mariposas de brea en los pulmones;
gladiadores pervertidos del placer;
y, hasta incluso, un león, que ni sé cómo domar
cuando lo despiertan sólo para verlo enojado por diversión…
Pero,  en alguna parte, de donde nunca voy a contarte,
está mi yo verdadero… viéndote con la inocente mirada
de un nene estampado en la vidriera de una juguetería.

Porque no sé querer de otra manera
que no sea como un nene: Con todo.
Todo lo bueno y todo lo malo.
Con libertad de ser, con libertad de sentir,
con libertad de confiar, con libertad de irse,
con libertad de volver, con libertad de quedarse,
con libertad de que dure hasta donde tenga que durar…
porque las relaciones no son mapa,
si no una sala de juegos.

Escribí esta carta para un amor cualquiera:
El Amor es para ciertas personas,
y yo, por ejemplo, soy bastante incierto.

PD: No lo culpes por jugar a las escondidas,
te está haciendo conocer el laberinto.


Franco Tripelli

Juramento hipocrático.

Otra vez? Estás loco!
Deberías controlarte un poco, me dijo,
si seguís así acabarás muriendo.
Vivir te mata! O todavía
no te diste cuenta? le dije
para que me dejara de hinchar las pelotas.
Cuántos inmorales conociste, Highlander?
Si es un personaje que apenas vive
lo que dura una película!

A veces veo tus ojos, dijo tomándome de las manos,
y mientras escucho tus razonamientos pienso:
con qué Napoleones estás charlando?
con qué molinos se enfrentan tus Quijotes?
qué es ésta megalomanía de salvar al mundo?
qué filántropo está en constante desamor
con la humanidad que lo rodea, y sin embargo…
pone en Jaque su propia vida en cada movimiento?
Estás loco, Tripelli, loco!

La gente habla mucho, tanto como uno quiere escuchar;
pero esta vez ella me hizo una trepanación
jugando a ser William James y sus “Principios de la Psicología”.
Quité sus manos de las mías, me paré dándole la espalda,
y contesté cruzando los brazos sobre mi pecho:
Siempre me molestó el arquetipo humano moderno
que siembra el egocentrismo…
y ahora cosechamos la avaricia del Planeta Mierda
que sufre la pandemia de hipocresía.
La gran mayoría saca una ventaja para su beneplácito,
la gente parece demonios con sotana…
es una sociedad tuerta por la mirada del ombligo
que se cree el centro del mundo
y ni siquiera es la mitad de uno mismo.

Volví a darme la vuelta, clavándome sobre su mirada:
Hemos desviado el camino… y vagamos
por la autopista del estrés, los malestares,
los disgustos, la bronca constante,
la confrontación con el que piensa distinto
por la falta de empatía… de hecho…
hoy las personas se escuchan cerradamente entre sí
sólo para reforzar su propio argumento y así rebatirse mutuamente,
en vez de abrirse a comprender que la cosa puede ser distinta.

Y continué diciendo:
Existen tres clases de personas en la vida:
Los buenos, los malos y los testigos;
mientras que  los testigos sigan dejando actuar a los malos…
la estadística siempre será 1 a 2
en favor de los hijos de puta.
Y aunque me lleve a la soledad crónica
de levantarme por partes, como ayer,
que creo que dejé dos brazos en la cama,
y mis ganas de vivir se vayan desintegrando
como un castillo de arena a orilla del mar…
hice el Juramento hipocrático
de cagarme a trompadas por una causa justa,
deshuesarle la mano al ladrón,
meterme en el medio de un quilombo para resolverlo,
quitarle los dientes a la sonrisa de la falsedad
y por sobre todas las cosas, a correr el riesgo
de hacer lo correcto, siempre. Sí, otra vez!

Tomé asiento, me froté las manos
tres o cuatro veces sobre mi rostro cansado,
y continué diciendo:  Parece que se paga con etiquetas de locura,
y en verdad sólo conservo mis neuronas en almíbar.
Voy a darte la razón… tengo mi propio manicomio en la cabeza
y cuando todos los pensamientos
van corriendo a lo loco de acá para allá...
los mando de safari para jugar con las bestias salvajes
que habitan las pasiones de mi pecho;
porque siempre la naturaleza de mi ser
fue mejor que los chalecos de fuerza:
esa jodida manía de aconsejar que no lo haga,
que lo piense o que no vale la pena.

Pero yo te amo, dijo, por eso me preocupo.
Y moviendo mi cabeza en vaivén
con un dejo de escepticismo, respondí:
Cuando me hablan de amor,
no es que no escuche… es que no veo.


Franco Tripelli

enero 02, 2017

Meconio de Príncipe Azul.

Hoy es todo muy rápido,
casi tan espontáneo como un estornudo,
echándote en la cara
los gérmenes de la ansiedad por llenar vacíos
que la soledad no les satisface,
o la imperiosa necesidad de ser feliz.

No coincidir pareciera que es faltarles el respeto...
será porque en el Mercado hay mucha Oferta
y la Demanda cada vez es más alta,
llevando a la intensidad de “Que pase el que sigue…”
con la tonta esperanza de que siempre
pueda aparecer alguien mejor en tanta Oferta.
En otra palabras, el tiempo de conocerse
siempre es el del descuento.

Lo que antes eran puentes, ahora son hilos;
y uno va cruzando como haciendo equilibrio
con el inminente riesgo
de que se corte en cualquier momento:
Así no vamos a llegar a ningún lado…
porque el Amor es el camino, no la meta.
Pero no importa, uno se aventura porque
se atraen mutuamente por algún misterioso gen
que resuena apetitoso al paladar sexual.

Se conocen, y después de las primeras sonrisas
(si es que tuviste suerte, capacidad, don,
argumentos o personalidad para hacerla sonreír)
ella, se pone en guardia, predispuesta 
a desenvainar todos los prejuicios
con lo que la experiencia le armó
por tipos que se mandaron mil cagadas. 
Y ahí estás vos, en la línea de fuego
esquivando balas en un suelo
repleto de cáscaras de banana.

Mientras te convertís en equilibrista ruso,
el tiempo te come los talones porque la
Oferta está a la orden del día…
pero te hinchás las pelotas
porque no vas a subastarte “al mejor postor.”
Dejás todo porque pensás:
“No sé administrar emociones,
cuando tengo ganas... tengo ganas;
cuando no... es mejor que no estés cerca,
ni siquiera con el pensamiento.”

Tomáste distancia y…
tu Personalidad le gana la jugada al Tiempo,
como si apostaras tu Honor
en una partida de Póker con los Demonios.
Te llevas el premio mayor:
sos EL distinto… y con los labios vaginales
te coronan como el Príncipe Azul.

Pero… después de todo eso,
seguís eligiendo destapar un whisky…
que es como si saliera la luna llena
y te convertís en Hombre Lobo
saliendo a cazar Caperucitas
mandándote tu primera cagada estando con ella.

Sí, el Hombre Lobo
es el meconio de un Príncipe Azul…
si le adjudican Pasados
con telarañas de viuda negra.


Franco Tripelli

noviembre 25, 2016

Lady Kamikaze.

La vi sentada, sola, en una mesa para dos
mientras yo tomaba mi segundo vaso de cerveza
también solo. Apenas cortó la llamada telefónica,
descolgó una liga de sus cabellos
que antes formaba la cola de caballo
y agachó su cabeza para que el pelo le cubriera
ese gesto de decepción.

Cuando necesitamos comer, el estómago ruge 
y todo nuestro alrededor se da cuenta;
pero cuando necesitamos llorar…
qué ruido hace el corazón
para que se den cuenta? Le dije
sin siquiera presentarme.

Tengo el corazón tan débil,
que si tropiezo en los brazos del alguien,
me enamoro; contestó sin mirarme a los ojos.

Llorá, le dije, llorá todo…
llorá hasta que las pupilas
te queden como dos pasas de uva. 
Su vista estaba empañada, pero impregnada 
al fondo de su vaso vacío.

Los hombres, dijo, son todos iguales,
siempre prometiendo castillos en la luna
y una les cree, porque es lo más cercano a volar;
pero sólo lo hacen para llevarte a la cama…
y yo soy la tarada que encima los perdona
pensando que algún día van a cambiar.

Parecía una camioneta
estancada en un pantano de mierda 
salpicando para todos lados…
como si se hubiese olvidado
que quien la estaba consolando
era del mismo género.
Sin embargo, le dije:
Si te vas a meter en la boca del lobo,
bancate que te mastique,
y después te escupa si no le gustaste.
Si no, vas a seguir siendo 
una Lady Kamikaze que se inmola
en cada oportunidad.

Como acto reflejo, sin anunciarlo,
cubrí sus manos unidas en el centro de la mesa
con mi palma derecha, ella levantó la mirada,
me sonrió y me pidió que me quedara;
pero, sólo con una condición, le dije y continué:
Bajate del unicornio que le compraste
y sacate el kimono de Feng Shui que te pusiste
para sostener una relación sin futuro.
Brindemos llegando
hasta donde tengamos que ir…
un caballero no tiene memoria;
exactamente igual que los borrachos.

Jamás volvimos a vernos,
ella fue como un libro prestado
que nunca volvió.
Las mujeres, guardan más silencios
que secretos; por eso, todas,
merecen un amante interino.


Franco Tripelli

Donde cenizas hubo, el fuego quema.

La viste entre la multitud, encima de noche,
pero aún el corazón tiene esa inconfundible capacidad
de diferenciarla por sobre la gente común.
Intempestivamente se te adentra un calor de sauna sofocante,
cada glóbulo rojo de tu sangre es una brasa ardiendo;
y es ahí cuando sentís una electricidad que te paraliza
recorriéndote todo el cuerpo
como si tu memoria fuese de recuerdo en recuerdo,
de una tormenta a otra usando los rayos como lianas.
La adrenalina te hace temblar las piernas,
y te tiemblan enserio…
porque te suben por la medula espinal
millones de hormigas con tacos de agujas
como si tu columna vertebral fuese un hormiguero.

La mirás un rato, como tildado,
pensando que la esperarías
hasta que el infierno te quemen los pies,
pero lo cierto es que te quemaste a lo Bonzo
en el sincericidio del punto final.

A pesar de que parecieras tener la mirada perdida
porque tu brújula ya no apunta al norte,
ella es el punto de encuentro de todas tus emociones:
la quisiste hasta donde no te correspondía.

De pronto, se va, no te vió,
ni tampoco te dejaste ver…
porque sabés muy bien que el Amor, como un ave fénix,
resurge de las cenizas…
pero como todo pájaro, éste tiene alas,
y hay que dejarlo volar para que no te queme por dentro.


Franco Tripelli

agosto 09, 2016

Colgué los preservativos.

Ante todo, quiero aclararle
a las Juanas de Arco del siglo XXI
que no lean este texto, no es para ellas.
Pero si no pudiste, Juanita XXI,
no te apures a sacar conclusiones y llegá hasta el final,
en realidad estamos los dos en el mismo juego, perdiendo.

Aparece ella, o cualquiera, pongamos por nombre “Fulanita”,
diciendo “Tengo ganas de verte”,
y “qué querés hacer?” preguntás como un caballeroso pelotudo,
porque va a darte mil vueltas para que concluyas
invitándola al departamento a cenar
y termines siendo el degenerado pervertido que tanto les gusta
clavándola contra la pared como una obra de arte,
porque ellas son una obra de arte, que nunca se te olvide.

Y ahí comienza la gran epopeya,
cambiás las sábanas, acomodás la habitación,
limpiás el departamento mientras los efectos químicos de la Lavandina
te mandan de viaje al país de las nubes multicolores.
Pero, no termina ahí la leyenda, porque querés ser distinto
y no formar parte de ese “Histericidio” que hoy hacen los tipos,
decidiste hacerte el Francis Mallmann y prepararle un plato
que esté a la altura de su presencia femenina:
Cordero a las finas hierbas con papas gratinadas,
jamón crudo y trufas. 

Entrás a la carnicería, mientras,
vas pensando en el tiempo de cocción y su llegada,
en la cola, la señora octogenaria del mismo edificio
te pregunta cuándo vas a ponerte de novio,
que la juventud está perdida
y que el hall del edificio parece un desfiladero animales.
“Si ladra es perra, si te vacía la billetera es gato”,
le decís a la vieja para joderla, que siempre
te engancha con alguna a las 8 de la mañana,
y la señora se ríe, te pellizca la mejilla diciéndote que sos terrible.

Después vas a la verdulería, pero no a la del barrio,
porque esa no venden trufas, prácticamente
te vas al Mercado Central, pero no importa.
A la vuelta pasás por una vinoteca a comprar un tinto,
porque de seguro ella, como tantas otras, cae con las manos vacías;
y automáticamente recordás que vas a necesitar un postre,
y con el postre un Champancito, así qué comprás el vino
y comprás el Champagne; después pasás por la heladería
para adivinar qué gustos le apetecen, que elijas el que elijas,
ella va a preguntarte medio chiste, medio verdad
si le viste cara de gorda (un helado que vos nunca vas a probar,
porque como se te la pasó hablando en la cena
no comió un carajo).

Pero nada importa, total después van a la pieza
para perder media hora eligiendo una película
que nunca terminás de ver porque a los 15 minutos
el Comandante Hormonas dirige y querés darle
hasta sacarle la columna por la boca;
mientras el helado se derrite, pero terminan haciendo la cochinada.

Después de hacerlo, ella tiene hambre de nuevo, porque claro,
no comió en la cena, y el helado ya está derretido,
entonces como no puede dormirse le da a la perorata
proyectando una vida juntos que nunca van a tener,
porque a lo mejor ella ahora está en otra, está de novia,
o simplemente tiene ganas de hincharte las pelotas
porque lo encuentra divertido decirte que
“A vos te toca cada loca de mierda” como eximiéndose
de lo que el tiempo terminará demostrando:
ella va a superar las turbulencias neuronales de la anterior.

… Y… ups!
Al día siguiente tenés que trabajar y cumplir un horario,
cosa que a ella no le importa porque siempre te pide 5 minutos más,
que se transforman en 30 de fiaca,
más los otros 30 minutos en el baño que se toma
para que la ciudad recupere a su reina.
Pero el título de “Hijo de puta”
te lo ganaste igual porque la estás echando,
o sos “Misógino” porque no sabés tratar a las mujeres.

Y bueh, no te interesa, total, así debe ser la vida…
Entonces, después de tanta parafernalia,
cerca del horario pactado para la cita (que nunca respeta),
ella reaparece de nuevo con su complejo de dama:
“Me pasás a buscar?”
Tu mundo se cae abajo, te sentís un forro, un esclavo: 
te dijo que tenía ganas de verte,
le armás el menú, le preparás la comida,
le comprás el vino, le comprás el postre,
le comprás el Champagne,
le ponés el lugar para coger 
(porque la idea original era coger
y no porque ella tenía ganas de verme,
pero uno le sigue el juego para que después
no digan que las tratas como unas putas)
y ella no es capaz de tomarse un taxi…
que encima terminás pagando vos
porque no había cajeros automáticos en el camino.

… No… Basta… Colgué los preservativos…

Yo te remo hasta el Titanic con dos plumas, 
pero si vos al menos no te asomás a la barandilla
para mirarme con cara de idiota enamorada,
dejo que te hundas por concha fría.

En la guerra sexista entre
el “Son todas putas” y el “Son todos iguales”
están en el medio los que la pasan mal;
siendo víctimas de este extremismo abstemio de emociones,
donde la pluralidad disecó valores, tergiversó los roles
y de un tiempo a esta parte relacionarse está muy bravo,
porque ante este contexto de pasiones descartables,
de gemidos exprés, latidos fugaces y compromisos efímeros,
todos están a la defensiva, dispuestos al contrataque 
y si le sonreís a alguien con buenas intenciones
te sentís que vas en contramano por la 9 de Julio en bicicleta.

Franco Tripelli