
Un tren me desembarcó en la estación de verano:
La intensidad del sol dispuso al destino
cruzar de vereda hacia mi ser clandestino.
En mi asueto de responsabilidades
se topó conmigo una dama de grandes necesidades.
Con un cigarrillo entre los dedos, al caminar,
dejamos huellas a la par de nuestras sombras
sobre la gigantesca alfombra de arena.
Tenia presente que sólo eran vacaciones terrenales,
no sentimentales…pero sus Buenos Aires de mujer
me excitaron y mi Rosario carente de “cuenta infieles”
me incentivaron.
En la noche guapeé mi boca al modular
mientras su paladar inventaba el sabor de mis labios.
El día nos presentó y la noche nos besó,
mis labios falsos equilibristas
cayeron sobre las aristas húmedas su boca.
Ella fue mi primera ilegalidad sentimental;
ni en horarios nocturnos debía generar
los besos de turno, puesto que mis caricias
correspondían a otra delicia de mujer.
Pero en esa noche de frenesí y pasión
grabamos cada letra del amor en el colchón;
sus letras de sonidos gemían
-¡Ay… ojitos color miel!
tocando mi pelo mientras yo absorbía
entre los surcos de su cuerpo
el sabor de su piel.
Era una pequeña mujer de inmensa ternura
lo hicimos con locura y sin perdón
como si fuese una portadora del amor…
Pero hoy, ahora y en cada año de receso estival
ella reside en mi memoria y en este mismo mar
donde supe encontrarla…
esta noche es la protagonista de la historia.
Sobre un papel con silueta de poema
navega dentro de una botella llena de nostalgia
la cual acabo de beber al recordarla.
Porteñita, quizás te llegue este mensaje:
Es mi deseo de volverte a ver.
Franco Tripelli.
fines de julio de 2009.
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