
Confieso haberlo hecho
con muñecas de plástico y silicona,
mujeres esculpidas por la mano del cirujano.
Confieso haber copulado
con las secuaces del diablo,
de esas que te ponen sus cuernos
como bovinos de establo.
Confieso haber practicado
uniones carnales
con mujeres como momias,
de esas que sólo hacen sonidos
onomatopéyicos.
Confieso haber tenido
relaciones sexuales con sirenas,
de esas que son mitad pescado en lo superior
y mitad mujer en lo inferior.
Confieso haber consumado
algún lujurioso y extraño vínculo con la policía,
ya que de vez en cuando
me andaba con esposas.
Confieso -también- haber tenido
relaciones sexuales con figuras angelicales,
de esas que después del coito
salen volando de mi cama.
Y tampoco puedo dejar de confesar
de haber tenido sexo con hadas,
de esas que echan polvos mágicos…
y luego desaparecen.
Franco Tripelli.
septiembre 2010.
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