
Respecto a la malta y espuma
existen las que en excesos
disponen la bruma en los ojos:
Mujeres cerveza.
Al paso acalorado, quién no ha tomado
a la rubia de cuello largo con frescura por dentro,
deleitando el encuentro entre bocas.
Eso sí, si piensas en posteridad,
ellas prefieren la amistad.
También está la opuesta,
la morocha suave dispuesta
al acompañamiento de postres
y beberla de sobremesa.
Piel caramelizada con sabor a chocolate
y almendras tostadas…
Y prohibido olvidarse de las coloradas,
aunque tristemente son menos frecuentes.
Mujeres tequila
que cuantiosas o no, las he tomado
sin pensarlo y de un golpe.
Mujeres ambiguas de profesión más antigua
quienes provocan mi ambición
de pasarlas con sal y limón.
Sin marcar trascendencia,
hacen la experiencia.
Mujeres licor
de elaboración ligera
y repletas de alcohol,
elixires que a la par son fácilmente empalagosas.
Mujeres vitivinícolas,
algunas identificadas como espirituosas.
Unas complejas y otras lujosas,
de características dispares donde
hay diversos varietales a conocer.
Según paladares exquisitos,
en Argentina están los cuerpos más ricos.
Mujeres coñac,
con la propia fragancia,
perfumadas hasta la médula,
importada de Francia.
Cuerpo sabroso gracias al grandioso
poder de la maduración.
Mujeres champagne,
cuasi rubias de vestiduras elegantes.
Arduo labor para la adquisición,
sin importar el método…
son damas continuas vueltas.
Sólo hombres de valor logran quitarle el sobrero
y gozan los privilegios de ropa su interior.
Un cuerpo repleto de esferas,
como burbujas constantes.
Mantienen el amor distante,
ya que no buscan sentimentalismo,
son arqueólogas del placer…
ellas ya tienen un hombre a obedecer.
Mujeres whisky,
amante infernal con pasión de aguardiente
tras el paso por los dientes.
Dos corazones de hielo en una cama de cristal,
con la antigüedad en el rito de gritos lujuriosos,
con doce años de añejamiento desde su primer momento,
sí es más: mejor, no importa…
en su impronta siempre hay una nueva pose.
Mujeres absenta,
las cuales al hombre tientan
y caracterizadas por su consumo
los empujan a la demencia.
Sin embargo, en ésta bodega de mujeres
no pude encontrar una que me embriague
con el sabor que tu tienes.
Franco Tripelli. primavera de 2007.
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