
Dando en el blanco,
entre tantos nombres para elegir, me dijiste:
- Vos tenés cara de Franco.
Después, preguntaste por mi profesión:
- Embajador del beso Francés,
y en honor a la Fiesta de la Cerveza
esta noche te doy pico libre
para que bebas de mis besos.
Respondí con certeza, dándole sed a tu boca.
Entreabriste los labios tímidamente
dejando escapar una sonrisa incandescente
como un corral de estrellas.
Pero, tu reloj tenía más prisa que el mío
y marchaste dejando mis labios vencidos.
Ni dos minutos más tarde,
detuviste el tiempo tocando mi espalda
y antes de que una palabra salga,
la contuviste a besos súbitos.
A la noche siguiente me volviste encontrar…
dando de beber en la boca a otra mujer.
- No voy a celarte,
confesaste desde antes
que a eso viniste.
Erróneamente,
desde el primer momento de miradas intermitentes,
no quise forzar la memoria para guardarme tu nombre.
Presumiendo del destino
-que una vez nos puso en el mismo camino-
dije que, por la distancia, jamás en nuestras vidas
volveríamos a vernos.
Pero como una venganza platónica
vienes a visitarme todas las noches…
en mis sueños.
Franco Tripelli.
octubre 2010.
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