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octubre 04, 2011

De Córdoba al corazón.


Dando en el blanco,
entre tantos nombres para elegir, me dijiste:
- Vos tenés cara de Franco.

Después, preguntaste por mi profesión:
- Embajador del beso Francés,
y en honor a la Fiesta de la Cerveza
esta noche te doy pico libre
para que bebas de mis besos.

Respondí con certeza, dándole sed a tu boca.

Entreabriste los labios tímidamente
dejando escapar una sonrisa incandescente
como un corral de estrellas.
Pero, tu reloj tenía más prisa que el mío
y marchaste dejando mis labios vencidos.

Ni dos minutos más tarde,
detuviste el tiempo tocando mi espalda
y antes de que una palabra salga,
la contuviste a besos súbitos.

A la noche siguiente me volviste encontrar…
dando de beber en la boca a otra mujer.
- No voy a celarte,
confesaste desde antes
que a eso viniste.

Erróneamente,
desde el primer momento de miradas intermitentes,
no quise forzar la memoria para guardarme tu nombre.

Presumiendo del destino
-que una vez nos puso en el mismo camino-
dije que, por la distancia, jamás en nuestras vidas
volveríamos a vernos.
Pero como una venganza platónica
vienes a visitarme todas las noches…
en mis sueños.

Franco Tripelli.
octubre 2010.

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