
Te di mis ojos
y me los devolviste con lágrimas.
Te regalé mi pecho
y me lo devolviste hecho polvo.
Te obsequié mis días
y me devolviste la oscuridad de tus noches.
Te ofrecí mis sueños
y me devolviste tus insomnios.
Te doné mi amor
y me devolviste tu adiós.
Y aunque hasta el amor propio se fue contigo
no mereces ni una lágrima de mis ojos,
las únicas perlas capaces de sangrar transpiración,
traducen a mi imagen el lenguaje del dolor.
No mereces ni la peor pena de mi pecho
que junto a la melancolía
te responsabiliza a lanzarme de algún techo.
No mereces ni el nudo en mi garganta
más grande de la historia,
ni mucho menos te mereces
el recuerdo en mi memoria.
La ausencia de ti
compuso unas letras para mí
un grillo por las noches canta
el himno de la soledad.
Sin embargo, te regale el olvido
y me devolviste tu recuerdo.
Ya he perdido la conciencia,
mi cabeza y mi cuello forman la silueta
de un gran interrogante acariciando la demencia,
ahora sólo pienso que
la locura es la sabiduría del inconciente,
creyendo así subsano tus acciones
hacia mí tan hirientes.
Adiós, hasta luego,
un beso y hasta siempre.
Franco Tripelli.
calor de enero de 2009.
0 comentarios:
Publicar un comentario