
El amor es como la justicia:
ciego, lento y paradójicamente injusto.
Te dedicaría todas mis lágrimas,
cada perla de sal llevaría tu nombre;
en honor, una y cada una de éstas
caerían por tu amor.
Te ofrecería enésimos centímetros cúbicos
de excreción sentimental
como tal símbolo de respeto
a la difusión de nuestro vínculo pre-nupcial.
A lágrima viva te consagraría
el más profundo de mis dolores.
Te dedicaría todas mis lágrimas
que tu indiferencia me esgrimió.
Lo haría…
pero mis ojos están ocupados
mirando a otra mujer.
Franco Tripelli.
junio 2011.
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