noviembre 25, 2016

Lady Kamikaze.

La vi sentada, sola, en una mesa para dos
mientras yo tomaba mi segundo vaso de cerveza
también solo. Apenas cortó la llamada telefónica,
descolgó una liga de sus cabellos
que antes formaba la cola de caballo
y agachó su cabeza para que el pelo le cubriera
ese gesto de decepción.

Cuando necesitamos comer, el estómago ruge 
y todo nuestro alrededor se da cuenta;
pero cuando necesitamos llorar…
qué ruido hace el corazón
para que se den cuenta? Le dije
sin siquiera presentarme.

Tengo el corazón tan débil,
que si tropiezo en los brazos del alguien,
me enamoro; contestó sin mirarme a los ojos.

Llorá, le dije, llorá todo…
llorá hasta que las pupilas
te queden como dos pasas de uva. 
Su vista estaba empañada, pero impregnada 
al fondo de su vaso vacío.

Los hombres, dijo, son todos iguales,
siempre prometiendo castillos en la luna
y una les cree, porque es lo más cercano a volar;
pero sólo lo hacen para llevarte a la cama…
y yo soy la tarada que encima los perdona
pensando que algún día van a cambiar.

Parecía una camioneta
estancada en un pantano de mierda 
salpicando para todos lados…
como si se hubiese olvidado
que quien la estaba consolando
era del mismo género.
Sin embargo, le dije:
Si te vas a meter en la boca del lobo,
bancate que te mastique,
y después te escupa si no le gustaste.
Si no, vas a seguir siendo 
una Lady Kamikaze que se inmola
en cada oportunidad.

Como acto reflejo, sin anunciarlo,
cubrí sus manos unidas en el centro de la mesa
con mi palma derecha, ella levantó la mirada,
me sonrió y me pidió que me quedara;
pero, sólo con una condición, le dije y continué:
Bajate del unicornio que le compraste
y sacate el kimono de Feng Shui que te pusiste
para sostener una relación sin futuro.
Brindemos llegando
hasta donde tengamos que ir…
un caballero no tiene memoria;
exactamente igual que los borrachos.

Jamás volvimos a vernos,
ella fue como un libro prestado
que nunca volvió.
Las mujeres, guardan más silencios
que secretos; por eso, todas,
merecen un amante interino.


Franco Tripelli

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