enero 02, 2017

Meconio de Príncipe Azul.

Hoy es todo muy rápido,
casi tan espontáneo como un estornudo,
echándote en la cara
los gérmenes de la ansiedad por llenar vacíos
que la soledad no les satisface,
o la imperiosa necesidad de ser feliz.

No coincidir pareciera que es faltarles el respeto...
será porque en el Mercado hay mucha Oferta
y la Demanda cada vez es más alta,
llevando a la intensidad de “Que pase el que sigue…”
con la tonta esperanza de que siempre
pueda aparecer alguien mejor en tanta Oferta.
En otra palabras, el tiempo de conocerse
siempre es el del descuento.

Lo que antes eran puentes, ahora son hilos;
y uno va cruzando como haciendo equilibrio
con el inminente riesgo
de que se corte en cualquier momento:
Así no vamos a llegar a ningún lado…
porque el Amor es el camino, no la meta.
Pero no importa, uno se aventura porque
se atraen mutuamente por algún misterioso gen
que resuena apetitoso al paladar sexual.

Se conocen, y después de las primeras sonrisas
(si es que tuviste suerte, capacidad, don,
argumentos o personalidad para hacerla sonreír)
ella, se pone en guardia, predispuesta 
a desenvainar todos los prejuicios
con lo que la experiencia le armó
por tipos que se mandaron mil cagadas. 
Y ahí estás vos, en la línea de fuego
esquivando balas en un suelo
repleto de cáscaras de banana.

Mientras te convertís en equilibrista ruso,
el tiempo te come los talones porque la
Oferta está a la orden del día…
pero te hinchás las pelotas
porque no vas a subastarte “al mejor postor.”
Dejás todo porque pensás:
“No sé administrar emociones,
cuando tengo ganas... tengo ganas;
cuando no... es mejor que no estés cerca,
ni siquiera con el pensamiento.”

Tomáste distancia y…
tu Personalidad le gana la jugada al Tiempo,
como si apostaras tu Honor
en una partida de Póker con los Demonios.
Te llevas el premio mayor:
sos EL distinto… y con los labios vaginales
te coronan como el Príncipe Azul.

Pero… después de todo eso,
seguís eligiendo destapar un whisky…
que es como si saliera la luna llena
y te convertís en Hombre Lobo
saliendo a cazar Caperucitas
mandándote tu primera cagada estando con ella.

Sí, el Hombre Lobo
es el meconio de un Príncipe Azul…
si le adjudican Pasados
con telarañas de viuda negra.


Franco Tripelli

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