marzo 26, 2017

Carta abierta a un amor cualquiera.

A saber…
No necesito otra cosa en el mundo
más que ser yo mismo,
incluso cuando me toca ser
auténticamente incorrecto.
No soy transparente,
imagínate lo aburrido que sería
estar con alguien que fácilmente
podés ver lo que hay del otro lado
porque está vacío por dentro.

Más bien soy un laberinto
con las cuatro estaciones del año indefinidas
teniendo su propia autonomía
de expresarse meteorológicamente como dé la gana.
Hay dragones que escupen arco iris para cegar princesas;
vagabundos de frak, tirados en el piso,
pidiendo monedas para comprar amor artificial
(restaurantes, cines, suites, limusinas, joyas, etc);
bares de ‘Happy Hour’ con moscas y  borrachos boxeadores;
telarañas de cristal en los rincones más oscuros;
albañiles alzados con piropos empadronados en la Real Academia;
verdugos con amnesia y mariposas de brea en los pulmones;
gladiadores pervertidos del placer;
y, hasta incluso, un león, que ni sé cómo domar
cuando lo despiertan sólo para verlo enojado por diversión…
Pero,  en alguna parte, de donde nunca voy a contarte,
está mi yo verdadero… viéndote con la inocente mirada
de un nene estampado en la vidriera de una juguetería.

Porque no sé querer de otra manera
que no sea como un nene: Con todo.
Todo lo bueno y todo lo malo.
Con libertad de ser, con libertad de sentir,
con libertad de confiar, con libertad de irse,
con libertad de volver, con libertad de quedarse,
con libertad de que dure hasta donde tenga que durar…
porque las relaciones no son mapa,
si no una sala de juegos.

Escribí esta carta para un amor cualquiera:
El Amor es para ciertas personas,
y yo, por ejemplo, soy bastante incierto.

PD: No lo culpes por jugar a las escondidas,
te está haciendo conocer el laberinto.


Franco Tripelli

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