marzo 26, 2017

Juramento hipocrático.

Otra vez? Estás loco!
Deberías controlarte un poco, me dijo,
si seguís así acabarás muriendo.
Vivir te mata! O todavía
no te diste cuenta? le dije
para que me dejara de hinchar las pelotas.
Cuántos inmorales conociste, Highlander?
Si es un personaje que apenas vive
lo que dura una película!

A veces veo tus ojos, dijo tomándome de las manos,
y mientras escucho tus razonamientos pienso:
con qué Napoleones estás charlando?
con qué molinos se enfrentan tus Quijotes?
qué es ésta megalomanía de salvar al mundo?
qué filántropo está en constante desamor
con la humanidad que lo rodea, y sin embargo…
pone en Jaque su propia vida en cada movimiento?
Estás loco, Tripelli, loco!

La gente habla mucho, tanto como uno quiere escuchar;
pero esta vez ella me hizo una trepanación
jugando a ser William James y sus “Principios de la Psicología”.
Quité sus manos de las mías, me paré dándole la espalda,
y contesté cruzando los brazos sobre mi pecho:
Siempre me molestó el arquetipo humano moderno
que siembra el egocentrismo…
y ahora cosechamos la avaricia del Planeta Mierda
que sufre la pandemia de hipocresía.
La gran mayoría saca una ventaja para su beneplácito,
la gente parece demonios con sotana…
es una sociedad tuerta por la mirada del ombligo
que se cree el centro del mundo
y ni siquiera es la mitad de uno mismo.

Volví a darme la vuelta, clavándome sobre su mirada:
Hemos desviado el camino… y vagamos
por la autopista del estrés, los malestares,
los disgustos, la bronca constante,
la confrontación con el que piensa distinto
por la falta de empatía… de hecho…
hoy las personas se escuchan cerradamente entre sí
sólo para reforzar su propio argumento y así rebatirse mutuamente,
en vez de abrirse a comprender que la cosa puede ser distinta.

Y continué diciendo:
Existen tres clases de personas en la vida:
Los buenos, los malos y los testigos;
mientras que  los testigos sigan dejando actuar a los malos…
la estadística siempre será 1 a 2
en favor de los hijos de puta.
Y aunque me lleve a la soledad crónica
de levantarme por partes, como ayer,
que creo que dejé dos brazos en la cama,
y mis ganas de vivir se vayan desintegrando
como un castillo de arena a orilla del mar…
hice el Juramento hipocrático
de cagarme a trompadas por una causa justa,
deshuesarle la mano al ladrón,
meterme en el medio de un quilombo para resolverlo,
quitarle los dientes a la sonrisa de la falsedad
y por sobre todas las cosas, a correr el riesgo
de hacer lo correcto, siempre. Sí, otra vez!

Tomé asiento, me froté las manos
tres o cuatro veces sobre mi rostro cansado,
y continué diciendo:  Parece que se paga con etiquetas de locura,
y en verdad sólo conservo mis neuronas en almíbar.
Voy a darte la razón… tengo mi propio manicomio en la cabeza
y cuando todos los pensamientos
van corriendo a lo loco de acá para allá...
los mando de safari para jugar con las bestias salvajes
que habitan las pasiones de mi pecho;
porque siempre la naturaleza de mi ser
fue mejor que los chalecos de fuerza:
esa jodida manía de aconsejar que no lo haga,
que lo piense o que no vale la pena.

Pero yo te amo, dijo, por eso me preocupo.
Y moviendo mi cabeza en vaivén
con un dejo de escepticismo, respondí:
Cuando me hablan de amor,
no es que no escuche… es que no veo.


Franco Tripelli

No hay comentarios.:

Publicar un comentario