marzo 26, 2017

Preso de tu propio destino.

Decidí volver caminando del trabajo,
un inspirativo trayecto a casa
por las peatonales del centro
yendo por Córdoba y, después, San Martín.

Pero antes, una silbatina intempestiva
me brotó del corazón, como nunca,
y mientras la iba tarareando me dije,
Oh no! Hijo de puta, ahora te gusta la Opera?
Lo que te faltaba, no te bastó con la Música Clásica?

Ta ta ta nánana… Ta ta ta nánana…
resonaba en mi mente y… cómo carajos
se llama éste tema? pensaba, mientras,
se me descolocaba la mirada
en cada mujer que veía pasar:
si no me gustaran tanto, me iría mejor;
no por lo promiscuo, si no por lo apasionado.

Ta ta ta nánana… Ta ta ta nánana…
seguía sonando como un mar de fondo,
“Me voy a hacer unos spaghetti caseros,
se me torció la inspiración para el lado de la cocina.”
Y la memoria me devolvió rápidamente
una de esas frases que le dije a la última muchacha
que había intentado desafiarme en las hornallas:
Si no tenés pasión, ni se te ocurra entrar a la cocina,
ni siquiera  para tener una noche de sexo en ella.

Ta ta ta nánana… Ta ta ta nánana…
Llegué al departamento, y fui directo
a poner Opera, “Luchito Pavarotti la tuvo que haber cantado”;
45 minutos después de tema tras tema,
al cortar un pimiento para la salsa, escucho…
Ta ta ta nánana… Ta ta ta nánana…
Ahí estaba, solté la cuchilla, mi alma se ensanchó
como una miga de pan en el agua,
fui a ver el título del tema, y después de leer la traducción,
(porque de italiano sólo tengo el apellido y el carácter)
Entendí que me vida estaba
completamente jodida, soy preso de mi propio destino:
no puedo pensar, ni siquiera inconscientemente,
en otra cosa que no sea en una Mujer;
La canción era: La donna é mobile.

Ta ta ta nánana… Ta ta ta nánana…
Entre asociaciones para encontrarle
algún sentido me dije, con una sonrisa irónica:
La mujer, también es como un plato de spaghetti:
un quilombo de curvas con idas y vueltas
servido en un plato dispuesto a ser disfrutado apasionadamente...
aunque lo cocine el diablo.

Ta ta ta nánana… Ta ta ta nánana…

Franco Tripelli

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